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'Yo también soy bipolar'

Ser bipolar está de moda. O al menos proclamarlo sin tapujos.  Desde que Catherine Z. Jones lo confesó en público, no hay día que no se publique alguna noticia sobre personajes famosos, vivos o muertos, afectados por esta condición.

Más recientemente se ha dicho que la misma patología podría estar relacionada con las azarosas vidas y muertes de algunos de los jóvenes malditos de la canción moderna, los famosos del club de los '27' años. El último supuesto caso ha sido el de Amy Winehouse.

Ahora bien, ¿realmente padecen o padecían una enfermedad o trastorno bipolar? Y en caso de que así fuese, ¿sirve para algo airearlo con la escandalosa morbosidad de los mass-media?

Veamos, la condición bipolar se puede entender, conceptualmente, como una categoría o como una dimensión. De acuerdo con la primera versión, se considera que una persona es bipolar, como es hombre o mujer, blanco o negro, o está o no embarazada. Eso se entiende muy bien desde el punto de vista clínico. Si se es bipolar es que se padece una enfermedad concreta, de mayor o menos gravedad, mejor o peor pronóstico, pero reconocible y diferenciable de otras posibilidades. En consonancia con ello se diagnostica y trata con los medios al alcance de la ciencia psiquiátrica.

Ahora bien, si consideramos la segunda opción, la “dimensión bipolar”, entonces decimos que cualquier persona es más o menos bipolar, como es más o menos alta, morena o rica. Según esa versión tod@s podemos serlo o estarlo, pero sólo en algunas personas esa condición sería tan manifiesta y relevante que sería patológica. De hecho, sabemos que muchas personas con dotes creativas, artísticas, geniales, ostentan rasgos de carácter o estilos de comportamiento “bipolares”, es decir que pasan por épocas de gran euforia, de alta intensidad productiva y creativa,  y por otras de gran depresión, esterilidad y vulgaridad productiva. Si busca en Internet encontrará miles de referencias a esta circunstancia en personalidades creativas, geniales, etc.

Pero, se preguntará, ¿a qué vienen todas esas disquisiciones y teorías sobre los famosos y lo bipolar? ¿Qué interés o utilidad pueden tener para las personas normales y corrientes afectadas por esta patología?

Pues sí, la tiene, y no poca. En primer lugar, hablar de las afecciones de los famosos sirve para que se hable de la enfermedad bipolar como de una condición humana que afecta a muchas personas, incluyendo a esas personas exitosas, bellas, ricas o admirables. Ergo, se puede ser bipolar y tener éxito en la vida, y ser felices o, simplemente, ser personas normales y corrientes. Por otra parte, hablar de ello sin tapujos contribuye a lograr uno de los objetivos más difíciles de la psiquiatría: disminuir la estigmatización, marginación, discriminación e injusticia asociadas a la enfermedad mental. Si el sufrimiento de esos famosos sirve para este fin, bienvenido sea el morbo mediático que lo rodea.

Pero además hay otra cosa que podemos aprender, que quizá sea la más importante. Cuando esos famosos personajes sufren, truncan sus carreras o mueren miserablemente como consecuencia de su condición bipolar, casi nunca habían sido diagnosticados y tratados adecuadamente por un médico o psiquiatra. Recientemente, los casos de M. Jackson y de A. Winehouse lo han puesto en evidencia. ¿Qué hubiera sido de ellos si se hubiesen puesto en manos de sus médicos de cabecera o psiquiatras? ¿Si hubiesen tomado los tratamientos indicados en su patología? Tal vez ahora podrían seguir regalándonos sus dotes geniales y proclamando con sinceridad y generosidad su condición de personas “humanas” afectadas por una enfermedad común, que, afortunadamente, ahora podemos diagnosticar y tratar con éxito la mayoría de las ocasiones.

Obviamente, no es este el lugar apropiado para explicar cómo se hace esto último, pero sí para sugerir a las personas afectadas, a sus familias y asociaciones de autoayuda, a los sanitarios e informadores de salud, que aprovechemos estas favorables circunstancias para mejorar la detección, el diagnóstico y el tratamiento de esta patología y secundariamente las condiciones de vida de l@s afectad@s. El que firma ya lo está haciendo, ahora le toca usted.

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